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La obra aborda la ansiedad del adulto joven frente al paso del tiempo y las expectativas heredadas.
El caballito de mar con dos cabezas de caballo salvaje encarna el tiempo como una fuerza indomable: una cabeza mira al pasado, cargado de voces parentales y exigencias aprendidas; la otra observa un futuro incierto que presiona por avanzar. Al no mirar nunca al centro, el ser es incapaz de habitar el presente.
La campana de la UDEM simboliza el ritual social del logro y la presión por cumplir una narrativa de éxito.
La flor con un ojo observa a otros caballitos de mar, reflejando la comparación constante y la ansiedad por no ir al mismo ritmo.
La pintura reflexiona sobre la crisis de los veinte: un momento en el que el tiempo parece correr más rápido que la identidad.

"El tiempo corre"

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